Por Kimberly Domínguez Medina

En un principio, la investigación de mi proyecto final iba dirigida a explorar la influencia de la gastronomía latina en Nueva York. Sin embargo, como suele suceder, los planes cambiaron. El viaje terminó convirtiéndose en una ruta interna hacia la historia gastronómica de Puerto Rico. Fue entonces cuando decidí mirar con detenimiento algo que siempre había estado ahí: lo que conocemos como “comida china” en la isla.

La llamada “combinación china puertorriqueña” forma parte del cotidiano. Está presente en fines de semana familiares, en días largos de trabajo y en ese momento en que simplemente “resuelve”. Sin embargo, pocas veces se cuestiona su origen o se visibiliza la historia de la comunidad que la hizo posible. Existe, además, un estigma persistente sobre su calidad, que muchas veces disuelve su valor cultural e histórico.

Una comunidad más grande de lo que parece

Durante mi proceso de investigación, uno de los datos que más me impactó surgió en una visita al Instituto de Estadísticas de Puerto Rico. Allí descubrí que la comunidad asiática en la isla es considerablemente más amplia de lo que imaginaba: más de 5.000 personas asiáticas o de origen chino viven en Puerto Rico. Este dato no solo me sorprendió, sino que me obligó a replantear la magnitud de su influencia en nuestra vida diaria. ¿Cómo es posible que una presencia tan significativa pase desapercibida en la conversación pública?

De presos políticos a constructores de carreteras

Esa pregunta me llevó a profundizar en su historia. En esa búsqueda encontré el libro Los chinos en Puerto Rico, de José Lee Borges, un texto que documenta la llegada de esta comunidad a la isla. Fue entonces cuando el dato dejó de ser solo una cifra para convertirse en una revelación: muchos de estos inmigrantes llegaron bajo condiciones de opresión. Algunos eran presos políticos, y Puerto Rico funcionó, en la práctica, como un espacio de confinamiento.

Comprender esto transformó por completo mi percepción. Más allá de su aportación culinaria, estos trabajadores fueron parte esencial en la construcción de la infraestructura de la isla, incluyendo carreteras que aún hoy utilizamos. Su historia está marcada por la lucha, la sobrevivencia y la resiliencia. Muchos murieron en el proceso migratorio, pero quienes lograron quedarse encontraron formas de rehacer sus vidas lejos de su país de origen.

De la adaptación a una cocina híbrida

En lugar de rendirse ante sus circunstancias, decidieron adaptarse. Trajeron consigo elementos de su cultura y los fusionaron con la puertorriqueña, dando paso a una nueva expresión gastronómica. Introdujeron, por ejemplo, el concepto de las heladerías en los cascos urbanos y dejaron su huella en la estética de sus negocios: nombres, decoraciones y símbolos que hoy forman parte del paisaje cotidiano.

Este proceso de adaptación no solo resultó en una oferta culinaria accesible, sino en la creación de una cocina híbrida que hoy reconocemos como propia. La comida china en Puerto Rico no es simplemente “extranjera”; es, en muchos sentidos, una manifestación de lo que somos como sociedad: una mezcla de historias, resistencias y encuentros culturales.

Una presencia constante, muchas veces invisible

Considero fundamental visibilizar estas historias, aunque este proyecto no haya podido abarcar toda su complejidad. Aun así, un reportaje que combine testimonios, datos históricos y material visual tiene el potencial de generar conciencia sobre el impacto real de esta comunidad. No se trata únicamente de reconocer su capacidad para alimentar a familias con presupuestos limitados, sino de entender su lugar dentro de nuestra historia colectiva.

“Los chinos no cierran, siempre están disponibles en nuestros peores momentos como sociedad. Abrieron para el huracán María, abren en elecciones, en pandemia; siempre están ahí.”

Rafael Ruiz Mederos

Esa presencia constante, muchas veces invisible, es precisamente lo que este trabajo busca resaltar. Mi esperanza es que, eventualmente, este reportaje contribuya a un cambio en la forma en que percibimos a la comunidad asiática en Puerto Rico: que deje de ser un recurso al que acudimos por conveniencia y pase a ser reconocido como una parte integral de nuestra identidad cultural y gastronómica.

Kimberly Domínguez Medina escribió esta pieza como parte de su formación en la School of Travel Journalism. Si te inspiró, conocé el Máster en Periodismo de Viajes y el Máster en Periodismo Gastronómico, mirá los documentales de viaje de nuestros alumnos en YouTube y escuchá sus historias en nuestro podcast en Spotify.

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