Por Monika Benduska
Imagínate pasear por senderos únicos, rodeados de bosques, cascadas, tresmiles, marmotas observándote desde su escondite y vacas pastando en los prados alpinos. ¿Cómo puede un lugar tan impresionante mantenerse protegido frente a la llegada de 650.000 visitantes al año? Esta pregunta atraviesa hoy cualquier visita a Ordesa y obliga a replantear no solo cómo recorrer el parque, sino también desde qué actitud hacerlo.
Qué es el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se encuentra en España, en la provincia de Huesca, y forma parte del Pirineo aragonés. La superficie protegida cuenta con aproximadamente 89.000 hectáreas y está dividida en cuatro sectores: Ordesa, Pineta, Añisclo y Escuaín. El parque fue establecido en 1918 —uno de los primeros de España—, protegiendo inicialmente el valle de Ordesa, sus glaciares y el río Arazas.
Con el paso del tiempo, concretamente en los años ochenta, se incorporaron los valles de Pineta, Añisclo y Escuaín, así como el macizo de Monte Perdido. En 1997, este espacio fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La misión del parque: biodiversidad y paisaje protegido
La misión principal de Ordesa es la protección y conservación del paisaje pirenaico, junto con su biodiversidad, ecosistemas y patrimonio geológico. Entre las especies protegidas se encuentran el sarrio, el ciervo, la marmota y diversas aves, como el quebrantahuesos, las águilas o los buitres. También destacan especies endémicas como el tritón y la rana pirenaica.
En cuanto a la flora, el territorio alberga hayedos, abetales y pinares, además de una gran variedad de flores alpinas, entre ellas los lirios y la emblemática flor de nieve (edelweiss). Desde el punto de vista montañoso, sobresalen los macizos de las Tres Sorores, con cumbres como el Monte Perdido.
El paisaje muestra una gran diversidad ambiental: macizos calcáreos, cascadas como la Cola de Caballo, ríos como el Arazas o el Cinca, ibones, glaciares y amplios llanos donde pastan lentamente vacas y caballos, acompañados por el sonido de sus cencerros. Esta riqueza natural requiere una atención constante, ya que se trata de ecosistemas especialmente frágiles.
El entorno ofrece múltiples posibilidades para quien lo recorre. Existen rutas familiares, como el conocido sendero de la Cola de Caballo, y también itinerarios más exigentes, como la Senda de los Cazadores o la Faja de las Flores, situados a los pies de los tresmiles. Precisamente esta variedad de opciones, concentrada en un espacio limitado, hace imprescindible regular el acceso y el uso del territorio.
El parque es accesible durante las cuatro estaciones del año. En verano, tras las caminatas, es posible refrescarse en ríos y pozos; en otoño, los hayedos ofrecen un espectáculo de tonos cobrizos; en invierno, los paseos con raquetas adquieren un atractivo especial; y en primavera, el deshielo transforma cascadas como las Gradas de Soaso en una auténtica obra de arte. Cada estación revela un rostro distinto de Ordesa, lo que incrementa su atractivo y, al mismo tiempo, la presión sobre el entorno.
Cabe destacar que Ordesa cuenta con una infraestructura bien desarrollada. Los refugios de Góriz y Pineta están correctamente equipados, los senderos se encuentran señalizados y cuidados, y en los accesos principales existen servicios básicos. En las localidades del entorno es posible adquirir o alquilar material de montaña, un aspecto importante para muchos senderistas.

Ante la masificación: cómo se protege Ordesa
El principal reto de Ordesa es la concentración de visitantes, especialmente en el valle homónimo durante la temporada veraniega. Para hacer frente a esta situación, se han establecido distintos sistemas de control. En los senderos más transitados se regula el aforo y, en los meses de mayor afluencia, el acceso se realiza exclusivamente mediante autobuses lanzadera con horarios concretos, lo que evita el colapso de los accesos y de los aparcamientos.
Los centros de visitantes desarrollan programas de educación ambiental en los que se informa sobre el valor del espacio protegido, la influencia de determinadas conductas humanas y la importancia de un turismo más respetuoso. En los itinerarios principales, la presencia de guardas refuerza la vigilancia y el cuidado del entorno. Este conjunto de acciones no pretende limitar la experiencia, sino asegurar que Ordesa pueda seguir siendo recorrida sin poner en riesgo su equilibrio natural.
Conclusión: visitar Ordesa sin consumirlo
Todas estas actuaciones contribuyen a conservar el parque en buenas condiciones, protegiendo su riqueza natural y fomentando una mayor conciencia ambiental. Quien visita Ordesa debe asumir que disfrutar de este espacio implica respetar su fragilidad y aceptar ciertos límites.
Visitar Ordesa sin consumirlo significa recorrerlo con atención, sin prisas y sin la necesidad de abarcarlo todo. Solo desde esta actitud consciente será posible que este paisaje siga ofreciendo la misma experiencia a quienes lo descubren hoy y a las generaciones futuras.
Monika Benduska escribió esta pieza como parte de su formación en la School of Travel Journalism. Si te inspiró, conocé el Máster en Periodismo de Viajes y el Máster en Periodismo Gastronómico, mirá los documentales de viaje de nuestros alumnos en YouTube y escuchá sus historias en nuestro podcast en Spotify.
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