Por Mónica Romero
Serie «Costa da Morte» · Entrega 8 de 10. Una serie de Mónica Romero, escrita como parte de su Trabajo Final del Máster en Periodismo de Viajes de la School of Travel Journalism (TFM 2026).
Toda costa peligrosa termina fabricando historias.
Cuando durante generaciones desaparecen barcos, aparecen restos en las playas y el mar devuelve objetos procedentes de lugares que nadie conoce, la frontera entre historia y leyenda empieza a desdibujarse.

En Costa da Morte ese territorio intermedio es enorme.
Una de las historias más repetidas habla de los raqueiros.
Según la versión popular, algunos habitantes de la costa colocaban luces en puntos estratégicos —incluso faroles atados a los cuernos de vacas— para engañar a los barcos durante la noche. Los navegantes interpretarían aquellas luces como señales de otras embarcaciones o puertos seguros, se aproximarían demasiado a tierra y terminarían naufragando.
Entonces los raqueiros saqueaban la carga.
Es una historia magnífica.
Precisamente por eso ha sobrevivido.
El problema es que las investigaciones históricas no han encontrado pruebas sólidas de que existiera aquella práctica organizada de provocar naufragios. La leyenda negra convirtió el aprovechamiento de mercancías que llegaban a costa después de accidentes reales en algo muy distinto: causar deliberadamente el desastre. Investigaciones y publicaciones locales han insistido en separar ambas cosas.
El mar no necesitaba ayuda para hundir barcos.
La geografía, los temporales, la navegación sin sistemas modernos de posicionamiento y la escasez histórica de señalización eran suficientemente peligrosos.
Pero Costa da Morte tiene otras leyendas mucho más antiguas.
Para encontrarlas hay que ir hasta Muxía.
Junto al santuario de A Virxe da Barca aparecen gigantescas rocas de granito alrededor de las cuales se desarrolló una de las tradiciones más conocidas de Galicia.
La leyenda cristiana cuenta que la Virgen llegó hasta este lugar en una barca de piedra para animar al apóstol Santiago durante su evangelización.
La embarcación habría quedado convertida en las enormes piedras que todavía rodean el santuario.
La Pedra de Abalar, la Pedra dos Cadrís y la Pedra do Temón representan diferentes partes de aquella barca según las distintas variantes de la tradición. A algunas de ellas se atribuyeron además propiedades rituales: pasar nueve veces bajo Os Cadrís se relacionaba con la curación de determinadas dolencias, mientras que Abalar podía oscilar bajo el peso de quienes se subían sobre ella. Lo interesante no es decidir si creemos o no.
Lo interesante es comprender que aquellas piedras ya formaban parte del paisaje simbólico mucho antes de que nosotros llegáramos con una cámara.
Algo parecido sucede en Cabo Vilán.
Allí existen rocas bautizadas como A Caveira o A Moa por las formas que sugieren. En O Roncudo, otras piedras conservan nombres asociados a naufragios y cargamentos.
El paisaje se transforma así en archivo.
No necesita placas.
Cada generación aprende dónde ocurrió algo y termina incorporándolo a la toponimia.
También los naufragios generan su propio folclore.
El Nil dejó historias de tejidos, maquinaria, champán y objetos recuperados de su carga.
El Banora llenó la costa de naranjas en 1965.
El City of Agra dejó incluso una campana que todavía puede verse en la iglesia de Camelle. Y luego está el Prestige.
Aquí ya no hablamos de leyenda, sino de memoria contemporánea. En Muxía, la escultura A Ferida convirtió una enorme pieza de granito fracturado en símbolo de la catástrofe y del trabajo de los voluntarios. Quizá por eso Costa da Morte resulta tan fascinante.
Porque sus historias no están guardadas solamente en archivos.
Están esparcidas por el territorio.
En una piedra. En una cruz. En una campana. En un cementerio frente al mar.
Algunas pertenecen a la historia y otras a la imaginación.
Y las mejores llevan tanto tiempo contándose que resulta difícil saber exactamente dónde termina una y empieza la otra.
Este artículo forma parte del Trabajo de Fin de Máster de Mónica Romero para el Máster en Periodismo de Viajes de la School of Travel Journalism.
Mónica Romero escribió esta pieza como Trabajo de Fin de Máster de su formación en la School of Travel Journalism. Si te inspiró, conoce el Máster en Periodismo de Viajes y el Máster en Periodismo Gastronómico, mira los documentales de viaje de nuestros alumnos en YouTube y escucha sus historias en nuestro podcast en Spotify.
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Todas las entregas de la serie «Costa da Morte»
- 1. Los faros del “fin de la tierra” en la Costa da Morte: donde acaba el mapa y empieza el Atlántico
- 2. Ruta de faros en Costa da Morte en 3–5 días: itinerario escénico, paradas y experiencias
- 3. Naufragios que bautizaron la Costa da Morte: 8 historias reales y qué queda hoy de ellas
- 4. Cabo Vilán: la luz que nació del miedo y de los temporales
- 5. Fisterra: el faro del final… y del principio de muchas vidas
- 6. Touriñán al atardecer: el ritual de la última luz
- 7. La vida del farero: del aislamiento a la automatización
- 8. Leyendas de costa: raqueiros, piedras con memoria y otras historias que se cuentan (estás aquí)
- 9. 12 miradores de Costa da Morte para contemplar atardeceres de infarto (disponible el 26 de octubre)
- 10. Fotografiar faros y temporales en Costa da Morte: equipo, seguridad, encuadres y horas mágicas (disponible el 28 de octubre)