Un reportaje basado en la entrevista con Elisabet Latorre, Regidora de Turismo y Promoción Económica y Teniente de Alcaldía de Desarrollo Económico de Sant Boi de Llobregat.
Por: Mercè Capilla
Sant Boi de Llobregat ha convertido la alcachofa (carxofa en catalán) en mucho más que un producto gastronómico: es un emblema de identidad colectiva, profundamente ligado al territorio y a la memoria agrícola del municipio. Así lo explica Elisabet Latorre, regidora de Turismo, Promoción Económica y Teniente de Alcaldía de Desarrollo Económico, quien subraya que el 60% del término municipal es entorno forestal, fluvial y agrario. “Nuestras raíces son agrícolas. Sant Boi hizo una apuesta clara por preservar la montaña, el río y el entorno agrario. Por eso la alcachofa es un símbolo identitario, no solo gastronómico”, señala.
Esta visión se ha consolidado especialmente a través de dos grandes hitos anuales: el “Mes de la Carxofa” y la “Carxofada”, un evento que ha evolucionado con los años hasta convertirse en una celebración transversal y abierta a todos los públicos.
Un mes para celebrar el territorio
El “Mes de la Carxofa” tiene un objetivo central: promocionar el producto fresco y de proximidad. Sant Boi es el mayor productor de alcachofa del Baix Llobregat y dispone de más de 800 hectáreas de Parc Agrari, superando ampliamente a municipios vecinos. Latorre recuerda incluso que la popularización del nombre “carxofa del Prat” responde a una antigua coincidencia lingüística entre cultivo en “prats” (prados) y el topónimo.
La colaboración entre agentes, Cooperativa Agrària Santboiana, restauración y comercio es, según la regidora, un pilar fundamental: “Está muy arraigado, todo el mundo se implica”. Esta cooperación se refleja también en iniciativas como CarxoMenú y CarxoTapa, abiertos a todos los restaurantes y bares de la ciudad. La ruta de la tapa incorpora incluso un “pasaporte gastronómico” y una votación popular que premia al establecimiento ganador con una panera del Parc Agrari.
Creatividad culinaria y cadena de valor local
La creatividad de los restauradores es otro de los motores de la “carxofada”. Cada establecimiento diseña platos originales con producto fresco y de máxima proximidad, lo que permite descubrir nuevas formas de cocinar la alcachofa.
Para fortalecer la cadena de valor, el Ayuntamiento impulsa campañas con productores y comercios locales, fomenta mercados de payés, actividades en escuelas y ha logrado que grandes superficies incorporen córners de producto local.
Una fiesta identitaria con actividades para todos
Las actividades paralelas del mes como la CarxoKids, showcookings o la CarxoSound, buscan reforzar la identidad cultural desde diferentes públicos y edades. Los talleres infantiles se realizan junto a la Cooperativa Agraria para que los niños conozcan el origen del producto, mientras que los vermuts musicales combinan gastronomía con talento artístico local.

Promoción turística dentro y fuera del territorio
La estrategia de comunicación institucional es amplia: redes sociales del Ayuntamiento, prensa local y comarcal, el canal de WhatsApp municipal, influencers como Valentina, ganadora de MasterChef 2024, y la revista mensual distribuida a todos los domicilios. También se trabaja con el Consorci de Turisme del Baix Llobregat.
Más allá de la comarca, Sant Boi impulsa acciones continuas con restauradores y asociaciones durante todo el año, actuando como “catalizador” de nuevas iniciativas gastronómicas.
Sostenibilidad y gestión responsable
La “Carxofada” integra criterios de sostenibilidad ambiental: packaging compostable, vasos reutilizables (muchos vecinos conservan el del año anterior) y una gestión cuidadosa de residuos para un evento que puede reunir hasta 1.800 personas en un solo día. “Debemos ser coherentes: no podemos promocionar el Parc Agrari y, al mismo tiempo, generar residuos plásticos”, recuerda Latorre.
Retos y futuro
El principal reto organizativo sigue siendo el clima: la Carxofada se celebra en marzo y todas las actividades tienen lugar al aire libre.
Mirando al futuro, la regidora destaca el crecimiento continuado de la oferta gastronómica y anuncia en primicia la apertura de un nuevo restaurante liderado por Rafa Zafra, figura reconocida en la cocina española: “Creemos que el talento atrae más talento”.
Sant Boi reafirma así su apuesta por un turismo gastronómico arraigado al territorio, sostenible y basado en la colaboración de todo un ecosistema local.
Reflexión personal
Realizar esta entrevista y desarrollar el reportaje ha sido una experiencia enriquecedora y, al mismo tiempo, desafiante. Una de las dificultades principales ha sido sintetizar una gran cantidad de información institucional, histórica y gastronómica en un texto coherente, fluido y comprensible para cualquier lector. La riqueza del discurso de la regidora y la profundidad del trabajo del Ayuntamiento exigían un equilibrio entre fidelidad y claridad. También ha sido un reto convertir datos y explicaciones técnicas en un relato atractivo que permitiera entender la dimensión identitaria de la “carxofa” en Sant Boi.
Durante el proceso, me he sentido especialmente motivada al descubrir cómo un producto local puede ser el hilo conductor de una estrategia turística, social y económica tan completa. Ha sido inspirador ver cómo un municipio es capaz de cohesionar vecindario, restauradores, agricultores y comercios en un proyecto compartido, coherente y lleno de sentido. Esta mirada transversal me ha hecho sentir que estaba explicando una historia real, cercana y con raíces profundas.
El aprendizaje más importante que me llevo es entender que la gastronomía es mucho más que lo que se cocina o se come. Es territorio, sostenibilidad, educación, identidad y colaboración. “La Carxofada” y el “Mes de la Carxofa” no son solo fiestas: son mecanismos de transmisión cultural y herramientas de cohesión comunitaria. También he aprendido el valor de la escucha activa durante una entrevista: saber captar matices, emociones e intenciones permite construir un relato más humano y auténtico.
En definitiva, esta actividad me ha demostrado que el periodismo gastronómico puede convertirse en una ventana privilegiada para entender cómo se construye el futuro de una ciudad a través de su pasado agrícola, sus productores y su fuerza colectiva.
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