Ana Oubiña
Diría que la herramienta más importante en una cocina es un buen cuchillo. Un cuchillo japonés, en particular, puede ahorrarte horas de trabajo y transformar cualquier tarea en un corte preciso y casi sin esfuerzo. No es casualidad que chefs de todo el mundo busquen estas hojas: detrás de su fama hay siglos de técnica, acero de primera y un cuidado que convierte un simple utensilio en una verdadera joya.
Lo primero que distingue a los cuchillos japoneses es el tipo de acero con el que están fabricados. A diferencia de muchos cuchillos occidentales, que suelen usar aceros más blandos para facilitar la reparación del filo, los japoneses optan por aceros duros y resistentes. Esto les permite mantener una hoja extremadamente afilada por mucho más tiempo, aunque requiere más cuidado a la hora de afilarlos y usarlos. Entre los aceros más comunes destacan el acero VG-10, famoso por su resistencia a la corrosión y su dureza, y el acero azul, que se ha usado durante siglos para fabricar hojas de gran calidad y durabilidad.
Pero no basta con tener buen acero. La fabricación de un cuchillo japonés es en muchos casos un proceso artesanal que sigue técnicas heredadas de la forja de katanas, las tradicionales espadas samurái. Muchos talleres aún emplean métodos manuales, trabajando el acero con martillos y doblándolo para aumentar su resistencia y flexibilidad. Esta técnica, llamada “Damascado”, crea además un patrón de vetas que no solo es bonito, sino que también mejora la resistencia de la hoja. Cada cuchillo es, en cierto modo, una pieza única, hecha con paciencia y mucho conocimiento.
El diseño del cuchillo también refleja la filosofía japonesa: minimalista, funcional y pensado para que cada corte sea perfecto. Existen distintos tipos según su uso: el “Santoku” es ideal para cortar verduras, pescado y carne con un equilibrio perfecto, y el “Deba” está diseñado para filetear pescado, con una hoja más gruesa y resistente. Más allá de los nombres, lo importante es que cada cuchillo está pensado para una tarea específica, lo que facilita el trabajo y mejora la precisión.
Mantener un cuchillo japonés en condiciones óptimas también requiere atención. La piedra de afilar es una herramienta fundamental. A diferencia de los afiladores eléctricos, las piedras permiten un afilado suave y controlado, respetando la estructura del acero. En Japón se usan piedras de distintos granos: primero se pule con una piedra gruesa para recuperar el filo y después con piedras más finas para darle un acabado perfecto y afilado como una navaja. El proceso puede parecer lento, pero es esencial para preservar la calidad de la hoja. Muchos chefs y aficionados dedican tiempo a aprender a usar estas piedras para prolongar la vida de sus cuchillos.
Otro detalle que marca la diferencia es el mango. Los cuchillos japoneses suelen tener mangos de madera, más ligeros y ergonómicos que los occidentales. Esto facilita el manejo. Además, la unión entre el mango y la hoja, llamada “tsuka”, está diseñada para garantizar equilibrio y seguridad, evitando que se afloje con el uso.
Lo que quizá más sorprende a quienes prueban un cuchillo japonés por primera vez es la precisión y suavidad con la que cortan. Desde filetear un salmón hasta picar verduras o hacer cortes delicados en sashimi, la hoja se desliza sin esfuerzo, sin aplastar ni romper el alimento. Esa precisión no solo mejora la presentación de los platos, sino que también respeta la textura y el sabor, algo muy valorado en la cocina japonesa.
Además, el cuidado que se tiene con estos cuchillos habla de la cultura japonesa en general: el respeto por las herramientas, el trabajo bien hecho y la búsqueda de la perfección en lo pequeño. Para un chef japonés, su cuchillo no es simplemente un utensilio, sino un compañero de trabajo que merece respeto y mantenimiento constante. Por eso no es raro que un cuchillo japonés bien cuidado dure toda una vida, pasando incluso de generación en generación.
En resumen, un cuchillo japonés es mucho más que una herramienta de cocina. Es el resultado de siglos de tradición, técnicas artesanales y materiales de alta calidad. Su filo duradero, su diseño pensado para cada uso y el cuidado que exige hacen que no solo facilite el trabajo, sino que transforme la manera de cocinar. Si quieres entender un poco más la cultura japonesa, probar un cuchillo de esta categoría es, sin duda, un buen punto de partida.

Este artículo forma parte de las prácticas realizadas por los alumnos del Máster en Periodismo de Viajes y Máster en Periodismo Gastronómico de la School of Travel Journalism.