Por Gema Zugasti
A apenas 12 kilómetros de Madrid, Boadilla del Monte ha pasado en la última década de ser un municipio residencial tranquilo a un polo creciente de ocio y restauración. Con más de 55.000 habitantes y una marcada identidad ligada al entorno natural, Boadilla se encuentra inmersa en un proceso de transformación urbana y económica en el que la gastronomía se ha convertido en un eje estratégico. Este impulso no es casual: responde a una apuesta institucional deliberada por crear una «marca Boadilla» sólida, capaz de atraer visitantes, fidelizar a los vecinos y consolidar un tejido comercial sostenible.
Para comprender cómo se gestiona esta estrategia desde el ámbito público, entrevistamos a José Sánchez Lobato, concejal delegado de Comercio, Calidad, Participación Ciudadana, Movilidad y Transportes del Ayuntamiento. Su testimonio explica cómo el consistorio está combinando campañas innovadoras, apoyo directo al comercio local y una visión a largo plazo que pretende situar la localidad como referente gastronómico en la Comunidad de Madrid.
Una revolución gastronómica
“El municipio está viviendo una pequeña revolución”, afirma Sánchez Lobato. Aunque Boadilla ya contaba con un número considerable de restaurantes, el concejal asegura que el impulso institucional ligado a la calidad ha multiplicado las aperturas. El resultado es una variada propuesta donde conviven opciones de alta gastronomía con locales más informales, “no necesariamente de mantel de tela”, pero con una apuesta clara por el buen producto.
Este crecimiento ha cambiado también los hábitos de los vecinos. “Antes, muchos residentes salían fuera los fines de semana; ahora se quedan, porque disponen de una gran variedad de opciones”, señala. La restauración funciona, y la vida social se ha desplazado a las calles, que se llenan especialmente durante el fin de semana, incluso en los nuevos desarrollos urbanísticos.

Ferias, rutas y campañas: Cuando el calendario gastronómico toma protagonismo
El municipio vive “un momento dulce” en términos de campañas. La participación en las actividades impulsadas por el ayuntamiento muestra un tejido hostelero dinámico y receptivo. Un ejemplo significativo es la última ruta de la tapa, a la que se sumó el 42% de los restaurantes de la localidad, consolidándose como uno de los eventos más exitosos del año.
Otro hito reciente fue la primera Feria de la Gastronomía Hispanoamericana, una propuesta que atrajo público durante los tres días de celebración y que, en palabras del concejal, “demuestra la capacidad del municipio para organizar eventos gastronómicos”. Este tipo de iniciativas cumplen una doble función: dinamizan el consumo y posicionan a Boadilla en el mapa gastronómico regional.
La marca “Boadilla Gastronómica”: una apuesta por la excelencia
La estrategia institucional tiene un nombre propio: Boadilla Gastronómica, un sello de calidad que busca diferenciar a los establecimientos que destacan por su propuesta culinaria y su servicio. Este distintivo funciona como garantía para los clientes y como estímulo para los hosteleros, que encuentran en él un marco para mejorar y para dar visibilidad a su trabajo.
Dentro del sello, el Ayuntamiento organiza experiencias como “Boadilla gastronómica” (@boadilla_gastronómica) un evento en el que los locales participantes diseñan un menú cerrado servido los jueves. Son los propios comensales quienes valoran diferentes aspectos de la experiencia. Hasta ahora, tres restaurantes han participado con pleno total de reservas y excelentes críticas, y hay nuevos establecimientos en lista de espera.
“El objetivo es que la Comunidad de Madrid ponga el foco en nuestro municipio y que se entienda que, en los locales con ese sello, se come bien”, explica Sánchez Lobato. De algún modo, el sello funciona como un guiño a M Producto Certificado, la distinción de garantía de los alimentos de Madrid.
Un sector hostelero que se reinventa
El concejal destaca la respuesta positiva del sector: “Han visto el éxito de las propuestas y quieren participar”. La creatividad se ha convertido en norma, como demuestra la actual “Ruta de la Hamburguesa”, en la que muchos restaurantes han creado hamburguesas expresamente para la campaña, incluso cuando no forman parte de su carta habitual.
Otros han aprovechado el impulso institucional para renovar sus menús y apostar por referencias de proximidad. Este dinamismo favorece la competitividad y posiciona a Boadilla como un destino donde “siempre hay algo nuevo que probar”.
Turismo, patrimonio y gastronomía: una sinergia creciente
Aunque los datos turísticos los gestiona otra concejalía, Sánchez Lobato confirma que existe una clara sinergia entre visitantes y restauración. El Palacio del Infante Don Luis, uno de los principales atractivos patrimoniales del municipio, genera un flujo de visitantes que termina repercutiendo directamente en los restaurantes. Los visitantes se quedan a comer o cenar, y viceversa.
Este efecto refuerza el propósito institucional de promover un turismo sostenible que combine patrimonio, ocio y gastronomía.
Apoyo directo al comercio local y sostenibilidad
La estrategia no se queda solo en campañas gastronómicas: incluye medidas económicas concretas. Para la campaña navideña, el Ayuntamiento ha puesto en marcha 18.000 bonos de compra con un valor equivalente a 560.000 euros, destinados a incentivar el consumo local del 5 de diciembre al 8 de enero con descuentos directos de 10 euros por cada 30 de consumo.
En términos ambientales, el municipio apuesta por la movilidad sostenible para acompañar el crecimiento del turismo gastronómico: ampliación del carril bici, más de 37 puntos de alquiler de bicicletas y acuerdos con plataformas de carsharing eléctrico como Voltio, Zity o Wible. La idea es que “todo pase por la concienciación previa”, afirma el concejal. Además, la colaboración con el Grupo Delgado permite impulsar la formación de los hosteleros en prácticas sostenibles y en estrategias para mejorar su competitividad.
Retos y visión de futuro
El mayor desafío ahora es consolidar la marca Boadilla Gastronómica. “Otros ayuntamientos ya han llamado para consultar cómo se está gestionando”, comenta Sánchez Lobato, convencido de que el modelo es replicable y de que Boadilla puede convertirse en un referente regional.
Su visión a largo plazo pasa por poner en valor la diversidad existente: desde la alta cocina hasta productos sencillos, pero bien ejecutados, como una buena tortilla o una tapa memorable. Nuevamente alude a que “No siempre hace falta mantel de tela” para una experiencia gastronómica.
La Ruta de la Hamburguesa, que ha superado todas las expectativas, es un ejemplo de cómo la cercanía y la creatividad pueden generar un impacto significativo, fortaleciendo una identidad gastronómica que se construye desde lo local.
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