Por Katrijn Geerts
A veces la vida no necesita un plan: le basta con un dardo y un poco de caos.
Me acuerdo perfectamente: estaba de pie en el salón, mirando un globo terráqueo polvoriento que había comprado hacía años en una tienda de segunda mano. Sin pensarlo, cogí un dardo, cerré los ojos, lo lancé y me prometí que viajaría allí donde cayera.
Cayó en Kirguistán.
Tuve que buscar en Google dónde estaba eso.

Llegada a Biskek: cero planificación, confianza máxima
Pocos días después bajaba de un avión en Biskek, la capital de Kirguistán, con una mochila más apropiada para un pícnic rápido que para una aventura. Sin itinerario. Sin expectativas. Solo con un optimismo temerario.
Alquilé una bicicleta de montaña —con unos frenos que chirriaban como si estuvieran presentando una queja formal— y pasé la primera noche en una pensión diminuta donde las paredes eran tan finas que casi oía pensar a los vecinos.
A la mañana siguiente tomó forma una idea descabellada:
Iba a ir en bici hasta las montañas.
Solo había un problema: no tenía ni idea de cómo llegar hasta ellas.
Un desconocido, un autobús oxidado y el poder de los gestos
Entonces lo vi: un hombre mayor, de rostro curtido, con un autobús oxidado que parecía haberse jubilado en los noventa pero al que seguían obligando a trabajar a media jornada.
No hablaba ni una palabra de inglés. Yo no hablaba ni una palabra de kirguís. Pero, a base de gestos ridículos, dibujos dudosos y unas muecas dignas de un mal teatro, conseguí pedirle de algún modo que me llevara a las montañas.
Se me quedó mirando.
Se rio.
Y luego asintió.
Una hora después estaba en su autobús, con la bici atada con una cuerda sospechosa que todavía no tengo claro que hubiera aguantado una ráfaga de viento fuerte.
Cuando por fin me dejó, me di cuenta de algo:
Estaba literalmente en mitad de la nada.
Y así empezó mi ruta de seis días.
Seis días en las montañas, sin más ayuda que un mapa de papel
Que quede claro: no iba preparada.
Sin chubasquero
Sin ropa de abrigo
Sin comida suficiente
Casi sin agua
Sin una ruta como es debido
Solo con un mapa de papel que se negaba a volver a doblarse como venía
Pero, de algún modo, la curiosidad pudo más que el sentido común.
Las montañas eran enormes, silenciosas y salvajes. A veces lloraba porque el camino era empinado. A veces porque el sillín parecía un instrumento de tortura. Y a veces porque el paisaje era tan bonito que dolía.
Rescatada por nómadas kirguises
Aunque viajaba sola, nunca estuve sola del todo.
De vez en cuando me encontraba con familias nómadas que vivían igual que sus antepasados desde hacía siglos.
Ellos no entendían mi idioma y yo no entendía el suyo, pero la hospitalidad no necesita subtítulos.
Compartieron conmigo kumis, leche de yegua fermentada. El primer sorbo me supo a choque cultural en estado líquido, pero me lo bebí con entusiasmo.
Sacrificaron una cabra. Me dieron mantas gruesas.
Me dejaron ayudar a ordeñar las vacas, algo que, por cierto, es mucho más difícil de lo que parece.
Y justo cuando creía que ya nada podía sorprenderme, alguien me pasó un aguardiente casero.
Sabía a disolvente, a fuego y a arrepentimiento, pero nos reímos todos y en ese momento me sentí extrañamente en casa.
Noches heladas, mañanas doradas
Las noches eran gélidas. Más de una vez me cuestioné mis decisiones.
¿Pero las mañanas?
Inolvidables.
Una luz dorada que rodaba sobre montañas infinitas, un silencio tan profundo que parecía sagrado y una sensación de libertad que nunca había sentido.
El final de la ruta… y el principio de otra cosa
Al cabo de seis días, polvorienta, agotada y tremendamente orgullosa, volví a la civilización.
Me había ido sin nada más que la decisión de un dardo y unas ganas testarudas de explorar.
Volví con historias, moratones, amistades hechas sin palabras… y con una nueva parte de mí.
¿Volvería a hacerlo?
Sin dudarlo.
¿Me prepararía un poco mejor la próxima vez?
… Probablemente.
Katrijn Geerts escribió este texto durante su formación en la School of Travel Journalism. Si te ha inspirado, descubre el Máster en Periodismo de Viajes y el Máster en Periodismo Gastronómico, mira los documentales de viajes de nuestros alumnos en YouTube y escucha sus historias en nuestro pódcast de Spotify.
Este artículo forma parte de las prácticas realizadas por los alumnos del Máster en Periodismo de Viajes y Máster en Periodismo Gastronómico de la School of Travel Journalism.