Por Dinorah Nieto

El periodismo de viajes suele asociarse con paisajes exóticos, entrevistas inspiradoras y relatos sobre destinos que esperan ser descubiertos. Pero detrás de cada historia hay un proceso menos visible que implica buscar fuentes, llamar instituciones, insistir, esperar, y muchas veces enfrentarse al silencio. Durante esta investigación sobre la promoción turística de Sri Lanka, ese silencio institucional no fue el final del camino, sino el inicio de otro más revelador.

La consigna académica parecía directa: entrevistar a una oficina de turismo o a una entidad similar para comprender cómo un destino construye su narrativa hacia el exterior. Sin embargo, tras contactar consulados, agencias de viajes y diferentes instituciones sin recibir respuesta, quedó en evidencia una dificultad en el trabajo periodístico: acceder a la voz oficial. Los correos quedaron sin contestar, las llamadas derivaron a números vacíos y las solicitudes de entrevista fueron absorbidas por la inercia administrativa.

A pesar de mis esfuerzos, no recibí respuesta, lo cual forma parte del proceso de aprendizaje: entender que, en el trabajo periodístico real, no siempre es posible obtener acceso a fuentes institucionales, incluso cuando la solicitud es sencilla y está bien justificada. Esta experiencia me permitió reflexionar sobre la importancia de la persistencia, la claridad en la comunicación y la capacidad de adaptación cuando una fuente no responde.

Cuando parecía que no habría forma de completar el ejercicio, surgió una posibilidad inesperada: mi guía turístico local accedió a conversar sobre la realidad del turismo en Sri Lanka. Esta entrevista, lejos de ser un “plan B”, se convirtió en una fuente mucho más valiosa, aportando una mirada auténtica, directa y plenamente enraizada en el día a día del destino.

El guía Shafeel Haniffa, con muchos años de experiencia acompañando viajeros por Sri Lanka, compartió una visión profunda de cómo se vive el turismo desde el terreno. Explicó que, tras la reciente crisis económica, el sector turístico ha comenzado a recuperarse gracias al esfuerzo conjunto de miles de profesionales que trabajan cada día para mantener vivo el interés internacional por el país.

Destacó la importancia del turismo responsable y del rol fundamental que desempeñan los guías locales, quienes se convierten en verdaderos embajadores de la cultura, la hospitalidad y los paisajes naturales de Sri Lanka. También mencionó que se están desarrollando nuevas infraestructuras con el objetivo de mejorar la comunicación y el acceso a diferentes zonas del territorio, lo que beneficia tanto a los habitantes como a los viajeros.

En cuanto a la actitud del pueblo hacia los turistas, afirmó que Sri Lanka es conocido mundialmente por su hospitalidad, seguridad y fuerte sentido de protección cultural. Su gente es amable, abierta y orgullosa de compartir sus tradiciones. Aunque los idiomas oficiales son el cingalés y el tamil, una parte importante de la población habla inglés, gracias en gran medida a la presencia de escuelas técnicas que promueven la educación y la capacitación.

El comportamiento del turismo sigue un cierto patrón de estaciones . Entre noviembre y abril , coincidiendo con el invierno europeo, se concentra la llegada de viajeros procedentes en su mayoría de Alemania, Francia, Rusia y China. Durante el verano europeo, el flujo cambia y aumenta la presencia de españoles, italianos y holandeses. La percepción local hacia el turismo continúa siendo uno de los pilares del sector.

Sri Lanka mantiene su reputación como un destino seguro, hospitalario y profundamente orgulloso de su cultura. Aunque los idiomas oficiales son el cingalés y el tamil, parte de la población se comunica en inglés, gracias en buena medida a la expansión de escuelas técnicas que han ampliado las oportunidades educativas.

La experiencia con él dejó claro que Sri Lanka proyecta su identidad turística de manera descentralizada y profundamente humana. Sus relatos fueron más ilustrativos que cualquier dossier institucional: desde la manera en que explican la historia del té hasta su interpretación de la espiritualidad budista, la competencia entre operadores y la necesidad de formación continua en idiomas y atención al cliente.

Este contraste entre el silencio institucional y la disponibilidad del guía local abre una reflexión necesaria. ¿Qué ocurre cuando el relato turístico de un país depende más del esfuerzo individual que de la estrategia oficial? ¿Cómo afecta eso a la imagen que proyecta internacionalmente? Y sobre todo, ¿qué dice de un destino que sus voces más accesibles y lúcidas no estén en las oficinas gubernamentales, sino en las carreteras, los templos y los miradores donde los guías cuentan historias cada día?

La entrevista permitió comprender que Sri Lanka es un país que vive del turismo no solo económicamente, sino emocionalmente. Para muchos trabajadores locales, recibir visitantes es una forma de orgullo nacional, una oportunidad para mostrar su resiliencia y una manera de proyectar una identidad que ha sobrevivido a guerras, crisis económicas y desastres naturales. La narrativa turística, entonces, es mucho más viva y espontánea de lo que cabría esperar desde un enfoque institucional.

El periodismo no siempre consigue las respuestas buscadas, pero siempre encuentra una historia. En este caso, la historia no estuvo en un despacho, sino en la mirada y la voz de un guía local que, desde su experiencia, ofreció una visión profunda y humana del turismo en Sri Lanka.


¿Qué fue lo más difícil del proceso?
Un reto importante fue no contar con suficiente ayuda o referencias externas que permitieran contrastar o complementar la información. La falta de apoyo hizo que el trabajo dependiera únicamente del esfuerzo personal: reordenar, clarificar y darle sentido periodístico a todo el testimonio sin respaldo adicional. lo más complejo fue transformar un conjunto de elementos inconexos en un texto fluido, preciso y fiel a la voz del guía, conservando su autenticidad pero elevándolo a un nivel narrativo más sólido.

¿Cómo me senti durante las distintas etapas?
A lo largo del proceso de creación de este relato, pasé por distintas etapas emocionales. Al principio me sentí desorientada, intentando organizar información que llegaba en fragmentos y sin una estructura clara. La falta de ayuda o referencias externas hizo que esa primera fase se sintiera aún más desafiante.

Mientras trataba de darle forma al contenido, apareció una mezcla de frustración y determinación. Frustración por la dificultad de convertir datos sueltos en una narración sólida; determinación porque, a pesar de las complicaciones, sabía que podía encontrar el hilo conductor si persistía.

Con el paso del tiempo, cuando todo empezó a tomar forma y cada pieza encontró su lugar, experimenté una sensación de alivio y claridad. Fue el momento en el que el relato dejó de parecer un rompecabezas imposible y empezó a convertirse en una historia coherente y con sentido.

Sentí que tuve mucha suerte de estar viajando por Sri Lanka, de haber vivido la experiencia en primera persona y poder llenarme de información real, directa y humana. Eso me permitió conectar mejor con la esencia del relato y transmitirla con autenticidad.

Al finalizar, la emoción predominante fue una combinación de satisfacción y confianza: satisfacción por haber logrado transformar todo ese material en un texto periodístico sólido, y confianza porque el proceso, aunque difícil, reafirmó mi capacidad para convertir experiencias complejas en una narración completa y profesional.

¿Qué aprendizaje me llevo como periodista en formación?
Como periodista en formación, me llevo varios aprendizajes importantes de este proceso. Primero, comprendí la importancia de la paciencia y la perseverancia: organizar información dispersa y transformarla en un relato coherente requiere tiempo, cuidado y atención al detalle.

También aprendí que la observación directa y la experiencia de campo son herramientas fundamentales. Estar presente en el lugar de los hechos me permitió captar matices que no se encuentran en documentos o entrevistas por separado, y que enriquecen enormemente la narrativa periodística.

Aprendí además la importancia de seleccionar lo más relevante y presentarlo de forma clara, sin perder la voz de la fuente. Y, sobre todo, que el periodismo implica responsabilidad. Hay que contar la verdad y respetar tanto a quienes informan como a quienes leen.

En conjunto, este proceso me enseñó que el periodismo no es solo relatar hechos, sino construir un puente entre la realidad y quien la lee, escuchando, observando y dando sentido a cada detalle.

Link de acceso a videos de la entrevista: https://www.youtube.com/shorts/DFPSr4ke0uo

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