Por Gema Zugasti

Boadilla del Monte, a solo 12 kilómetros de Madrid, se consolida como uno de los municipios que mejor ha sabido combinar historia, naturaleza y gastronomía. Con unos 55.000 habitantes, este enclave del noroeste madrileño trabaja desde su ayuntamiento para posicionarse como un destino de cercanía, atractivo tanto para los vecinos como para los visitantes de la capital.

El concejal delegado de Patrimonio Histórico, Turismo y Proximidad en Urbanizaciones y Nuevos Desarrollos, Francisco Javier Nicolás Blázquez, explica que la estrategia turística del municipio se apoya en su joya más visible: el Palacio del Infante Don Luis, del siglo XVIII, rodeado por 27 hectáreas de monte histórico y otros lugares como iglesias y un convento.

“La estrategia principal se basa en el patrimonio que supone el palacio y su entorno natural”, señala el concejal. “A partir de ese escenario organizamos exposiciones, conferencias y visitas teatralizadas que ayudan a redescubrir la historia local”.

Turismo de cercanía para todos
A diferencia de otros destinos, Boadilla no busca competir con la impresionante oferta cultural de Madrid. Su apuesta pasa una combinación de turismo familiar, gastronómico y de naturaleza, ideal para escapadas de fin de semana.

“Por nuestra cercanía a la capital, es difícil competir en oferta cultural, así que apostamos por el turismo de cercanía, combinando distintas actividades y eventos durante todo el año”, explica Nicolás.

El municipio mantiene un delicado equilibrio entre el desarrollo turístico y la conservación del patrimonio. “El hecho de que el palacio sea un Bien de Interés Patrimonial ya marca sus límites. Desde el Ayuntamiento distribuimos las visitas a lo largo del año y en diferentes enclaves históricos para evitar la saturación”, añade.


Gastronomía como seña de identidad
La restauración local ha sido otro de los pilares de esta estrategia. En los últimos años se han consolidado dos ejes en forma de bulevares con locales a pie de calle, lo que ha dinamizado la oferta gastronómica que ha sido un elemento importante para contar con enseñas nacionales y negocios locales.

“La gastronomía juega un papel enorme. No solo por la cantidad de restaurantes, sino por la variedad que permite organizar rutas y eventos”, apunta el concejal.

Boadilla cuenta ya con una agenda estable de ferias y festivales gastronómicos: la Ruta de la Tapa, la Feria del Vino D.O. Madrid, o el reciente Festival de Cocina Iberoamericana celebrado coincidiendo con la Hispanidad este mismo año.

“En Fitur invitamos a los restaurantes locales a participar en nuestro stand, y seguimos impulsando eventos que combinan producto local, cultura y turismo”, explica Nicolás. Además, el Ayuntamiento prepara una iniciativa singular: recuperar la cocina del siglo XVIII vinculada al palacio del Infante Don Luis. “Queremos rescatar recetas tradicionales de la época: caza, escabeches, platos manchegos y producto de la rica huerta”, comenta el concejal.

También se plantea un nuevo concurso gastronómico que permita crear un plato típico de Boadilla, con ingredientes locales y preparación sencilla.

Turismo sostenible y educación para conservar el patrimonio
La sostenibilidad ocupa un lugar central en los planes municipales. “Rotundamente sí: Boadilla apuesta por un turismo sostenible”, afirma Nicolás. “Desestacionalizar las visitas, conservar el patrimonio y transmitir esa importancia a los vecinos es clave”.

El municipio impulsa actividades educativas con colegios, amplía su red de carriles bici y promueve el uso de bicicletas eléctricas para reducir la huella ambiental de los visitantes.

Con la vista en el futuro:
El concejal se muestra optimista respecto al futuro del turismo local. “La evolución está siendo muy buena. La restauración del palacio no se detiene; ahora se trabajará en la cubierta, maderas y cerrajería, además de instalar plataformas elevadoras para eliminar barreras arquitectónicas”, detalla. “Eso permitirá un uso más ambicioso del edificio y una mejor experiencia para todos los visitantes”.

Y si tuviera que recomendar un plan perfecto en Boadilla, no duda: “La visita guiada al palacio, seguida de un paseo por el monte, los canales y las antiguas minas de agua. Y para comer, un buen cocido madrileño en cualquiera de nuestros restaurantes,
que ya es casi una seña de identidad de la zona”.

Boadilla del Monte demuestra así que el turismo no solo se mide en cifras, sino también en la capacidad de un lugar para preservar su historia y convertirla en experiencia compartida.

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